|
|
Federico Chueca Robles
nació en Madrid (Casa de los Lujanes en la Plaza de la Villa, donde se
cuenta que estuvo preso Francisco I de Francia tras su apresamiento en
1520 en la batalla de Pavía) el 5 de mayo de 1846 y murió en la misma
capital el 20 de junio de 1908.
Desde su niñez en el Conservatorio Chueca, con sus dotes naturales
extraordinarias, no comprendía que hubiera que estudiar para ser músico,
le molestaba escribir música y admiraba a quien escribía con soltura en
el papel pautado como Barbieri o Bretón. Lo primero de Chueca que se llevó
al pentagrama fueron unos valses titulados “El lamento de un preso”
que compuso cuando lo estuvo por mor de los incidentes de “La noche de
San Daniel” (La noche del 10 de abril de1865 la policía cargó contra
las manifestaciones de estudiantes dejando nueve muertos y muchos heridos.
Los estudiantes se manifestaban a favor de Castelar que había sido
separado de su cátedra por un artículo titulado “El Rasgo” sobre la
decisión de Isabel II de vender la mayor parte de su patrimonio regalando
el 75% al Tesoro y reservándose el 25%, interpretando que tras su
aparente generosidad se escondía un despojo a la Nación propietaria legítima
de todo el Patrimonio.), liberado corrió a ver a Barbieri quien le hizo
repetir la música y los pasó al pentagrama. Barbieri fue pues su primer
colaborador con el que luego estrenó la zarzuela HOY, SALE HOY, el
segundo Bretón con el que estrenó BONITO PAIS, siendo el habitual, hasta
1890, Joaquín Valverde, que le escribía la música y aportaba algún
elemento técnico de su cosecha. Chueca se servía de “monstruos” (en
el argot teatral son unas palabras, más o menos absurdas, pero que siguen
una rítmica y que sirven para componer la música) y escribía la letra
de muchas partes de sus obras, obviando al libretista.
En 1875 estrenó su primera obra EL SOBRINO DEL DIFUNTO, y desde entonces
se suceden los éxitos de los que me limito a detallar BONITO PAIS en
1877, LA CANCION DE LA LOLA en 1880, FIESTA NACIONAL en 1882, HOY, SALE
HOY y CARAMELO en 1884, LA GRAN VIA y CADIZ en 1886, DE MADRID A BARCELONA
en 1888, EL AÑO PASADO POR AGUA y DE MADRID A PARIS en 1889, LA CAZA DEL
OSO O EL TENDERO DE COMESTIBLES en 1891, LOS DESCAMISADOS en 1893, AGUA,
AZUCARILLOS Y AGUARDIENTE en 1897, LOS ARRASTRAOS en 1899, LA ALEGRIA DE
LA HUERTA en 1900 y EL BATEO en 1901.
Cuenta Rafael Mitjana que Camilo Saint-Saëns gustaba de asistir a las
zarzuelitas de Chueca y que el le regaló un ejemplar de la partitura de
una de ellas, DE MADRID A PARIS (en que se cantaba aquello de “A mí me
llaman la Pelos, a mí la de Lavapiés”) no quiso el gran músico el
obsequio seguramente para no “contaminarse” con algo hecho sin la
disciplina debida, pero cuando echaba a la estufa la partitura, volvió a
cantar la picaresca melodía para terminar diciendo “Qué clase de
talento tiene este demonio de compositor que, casi sin saber música, la
crea de tal fuerza que no se la puede olvidar cuando una vez se la oye”.
Se lee en el Espasa que no eran sus composiciones la más depurada expresión
del espíritu nacional, en el sentido que en todas partes se da a la música
popular: eran más bien la inspiración de una musa callejera, bastante
artificial, que venía a ser como los couplets en Francia, con el mismo
descoco, la misma alegría y la misma facilidad que aquellos, que pronto
se convertían en música para los organillos callejeros, para los cafés
y, en general, para el pueblo. Fue más que un músico español
comprensivo para toda España, un madrileño que improvisaba sus
canciones, sin grandes conocimientos de técnica pero dotado de
extraordinaria facilidad y exquisita sencillez. Este madrileñismo tuvo
sus excepciones, pues CARAMELO y CADIZ, son de puro estilo andaluz, LA
ALEGRIA DE LA HUERTA, murciana y el tercer cuadro de LA CAZA DEL OSO O EL
TENDERO DE COMESTIBLES, es asturiano neto.
Comenta Arnau que a Chueca no se le puede analizar pues antes de que
intentemos analizar la construcción de la frase el pensamiento del autor
se ha apoderado de nosotros y le seguimos en volandas por los giros
inigualados de sus castizos pasacalles. En su creación las cosas fluían
de repente o no salían. Lo mismo da en la música que en la letra, si le
faltaba una palabra española para llenar su frase musical la inventaba si
era necesario en francés macarrónico y se quedaba tan pancho, porque
además, el resultado tenía asegurado el éxito.
Diego Emilio Fernández Álvarez
|